Editorial

28/marzo/2024

 

Todo programa e intención de gobierno debería ponderar el crecimiento de la nación y su población para que tenga sentido; por su parte -y en lo que le corresponde- esa población debe actuar con apego a un nacionalismo comprometido y solidario -para sí y entre sí-, y no atentar en contra de los intereses del país que son lo primero.

 

Por eso el control -que no la administración frontal- de la energía sí es un tema de seguridad nacional, que no debe dejarse al arbitrio de particulares, por lo que sí deben estar sometidos a la soberanía de primero México y después ellos, como lo hace EU o Rusia.

 

La otra es que no se ve bien que AMLO busca culpables en el pasado -hasta pedir a España que pida disculpas por el genocidio de la conquista-, sino que también cayó en la misma de reinventar a México cada sexenio, so pretexto de que su gobierno es la panacea, y al final de su administración aún no se ven resultados al cien, siendo el contundente contar con un plato en la mesa y una vida digna para cada integrante de la familia.

 

AMLO llegó con mucha prospectiva pero no mantuvo la continuidad sino que vino a romper con ésta; Peña no borró todo lo que hizo bien Calderón, y no generó desempleo: AMLO al cerrar proyectos, programas, fideicomisos no se detuvo por los perjudicados; esos empleados que no tenían nada que ver con los abusos de los administrativos del “Seguro Popular”, por ejemplo: decenas de miles de personas se quedaron sin trabajo, cuando eso solo se tenía que sanear -como el aeropuerto de Texcoco- y en su caso mejorar el programa.

 

¿Aplicaría Xóchitl Gálvez el mismo criterio de cerrar programas y proyectos?

 

¿Lo haría Claudia Sheinbaum aún AMLO sea su mentor?

 

Desde luego que sí.

 

La imagen de Andrés Manuel López Obrador es muy pesada para las damas, y les iría haciendo sombra durante todo el sexenio si no logran superarlo, con proyectos propios.