Restricción de dispositivos busca reducir distracciones y mejorar el aprendizaje; docentes, estudiantes y familias advierten que el desafío también está en enseñar a utilizar la tecnología de manera responsable
Yerushalem Falconi
Tuxtla Gutiérrez
Desde el 3 de noviembre, el uso de teléfonos celulares y tabletas está restringido en las aulas de Chiapas, como parte de una disposición de la Secretaría de Educación estatal que busca disminuir las distracciones y favorecer el aprovechamiento escolar. Sin embargo, la medida también pone sobre la mesa una discusión que va más allá de retirar los dispositivos: ¿cómo preparar a niñas, niños y jóvenes para utilizar responsablemente una tecnología que ya forma parte de su vida cotidiana?
En algunos planteles de educación básica, la disposición no representa un cambio reciente. En la escuela primaria Madero González, por ejemplo, la restricción se aplica desde hace seis años, luego de que las autoridades escolares detectaran un uso inadecuado de las redes sociales entre los alumnos. Desde entonces, los teléfonos celulares dejaron de formar parte de las actividades escolares y, cuando existe alguna emergencia familiar, la comunicación se realiza a través de la dirección del plantel.
El director de la escuela, el profesor Ángel Chan Riza, consideró acertada la decisión de la Secretaría de Educación, al señalar que el plantel ya había adoptado medidas para evitar que los dispositivos interfirieran en las actividades académicas.
Pero para las nuevas generaciones, los teléfonos y las herramientas digitales son parte de su entorno habitual. Los utilizan para comunicarse, buscar información y resolver dudas escolares. Incluso, algunos recurren a aplicaciones de inteligencia artificial para realizar sus tareas, como explicó Ángel Chan López, alumno de primaria, quien reconoció que utiliza Gemini como apoyo en sus actividades escolares.
Este escenario plantea otro desafío para docentes y familias: distinguir entre el uso de la tecnología como recurso de aprendizaje y su utilización como una distracción que puede sustituir la investigación, la lectura y el esfuerzo personal.
La preocupación por los riesgos de internet también está presente entre quienes acompañan la formación de los menores. El acceso a contenidos inadecuados, el uso de redes sociales y la falta de supervisión son algunos de los motivos que respaldan la necesidad de establecer límites. No obstante, también reconocen que los teléfonos pueden facilitar la comunicación entre padres y maestros y apoyar actividades didácticas cuando se utilizan con objetivos definidos.
La maestra Blanca López sostuvo que el celular no debe considerarse perjudicial por sí mismo, pues su utilidad depende de la manera en que se emplee. Como ejemplo, mencionó la comunicación que permite mantener con las familias de sus alumnos.
En el nivel universitario, el debate adquiere otros matices. Para estudiantes de carreras como Comunicación, el teléfono móvil no es únicamente un medio de entretenimiento: también funciona como herramienta de trabajo para realizar encuestas, documentar actividades, consultar información y desarrollar prácticas fuera del salón de clases.
Vania y Ricardo, estudiantes universitarios consultados, señalaron que no han participado en un diálogo sobre la aplicación de la medida en sus planteles. Consideraron que una restricción generalizada podría dificultar actividades que requieren el uso de dispositivos, aunque coincidieron en que es necesario evitar que interfieran con la atención durante las clases.
La disposición de la Secretaría de Educación plantea así un reto para las comunidades escolares: mantener la disciplina y mejorar el aprovechamiento académico sin dejar de reconocer las posibilidades que ofrece la tecnología. Reducir las distracciones puede contribuir a recuperar la atención en el aula, pero la formación de los estudiantes también requiere desarrollar criterios para investigar, verificar información y utilizar herramientas digitales con responsabilidad.
La discusión, por tanto, no se limita a permitir o prohibir los celulares. La pregunta de fondo es si las escuelas podrán convertir esta restricción en una oportunidad para fortalecer los hábitos de estudio y, al mismo tiempo, enseñar a las nuevas generaciones a convivir con la tecnología de manera crítica y responsable.
