-La actividad del volcán Chichón, la zona de subducción en la costa y diversos sistemas de fallas contribuyeron al incremento de movimientos telúricos durante el primer semestre del año
Luis Vallejo
La sismicidad en Chiapas registró un aumento significativo durante el primer semestre de este año, al contabilizarse 3 mil 326 movimientos telúricos entre enero y junio, una cifra que representa aproximadamente el doble de los sismos registrados durante el mismo periodo de 2025.
La doctora Avith Mendoza Ponce, especialista del Instituto de Investigación en Gestión de Riesgos y Cambio Climático (IIGERCC) y del Centro de Monitoreo Vulcanológico y Sismológico de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), comentó en entrevista que, aunque la cantidad de eventos aumentó considerablemente, las magnitudes registradas se mantuvieron en niveles moderados.
“Este semestre en particular ha sido un poco más alto que los anteriores. De enero a junio de este año tuvimos 3 mil 326 sismos localizados en Chiapas, que, en comparación con enero y junio de 2025, prácticamente representa el doble”, señaló.
Durante este periodo, la magnitud máxima registrada fue de 4.9, mientras que la mínima alcanzó magnitud 1, con un promedio de 3.1, por lo que gran parte de los movimientos fueron imperceptibles para la población.
La investigadora explicó que una de las principales fuentes de actividad sísmica se encuentra en la costa chiapaneca, donde ocurre el proceso de subducción, es decir, la interacción entre placas tectónicas que genera fricción y posteriormente libera energía en forma de movimientos telúricos.
“En cuestión de magnitud se puede decir que el primer semestre fue algo moderado, pero la cantidad de sismos sí es considerable”, destacó.
De acuerdo con los registros analizados por la especialista, febrero fue el mes con mayor actividad sísmica durante el primer semestre, al contabilizar 756 movimientos. Le siguió abril, con 717 eventos, y marzo, con 539.
El sismo de mayor magnitud durante los primeros seis meses ocurrió el 14 de marzo en la región Costa de Chiapas y alcanzó una magnitud de 4.9.
Mendoza Ponce explicó que el incremento de la actividad sísmica no responde a una sola causa, sino a la combinación de diferentes fuentes sismogénicas presentes en el estado.
Entre ellas se encuentra la actividad registrada en el volcán Chichón, donde desde junio de 2025 comenzó a observarse un aumento considerable de eventos que pueden asociarse con la dinámica volcánica.
La especialista señaló que este comportamiento puede considerarse similar a un enjambre sísmico, fenómeno que consiste en un conjunto de movimientos que ocurren muy cerca entre sí, tanto en espacio como en tiempo, sin que necesariamente sobresalga un sismo de magnitud considerablemente mayor.
Los enjambres pueden relacionarse con procesos de reacomodo del magma cuando se presentan cerca de sistemas volcánicos, aunque también pueden originarse por ajustes en fallas geológicas.
La investigadora mencionó que en el norte del estado existen fallas de tipo inverso, aunque reconoció que existe una limitada disponibilidad de información debido a la falta de una red de sensores que permita monitorear de manera más amplia estos sistemas.
Una situación similar ocurre en la zona fronteriza con Guatemala, donde también existe un sistema de fallas con movimiento lateral.
La especialista destacó que la mayoría de los sismos registrados durante el primer semestre fueron de baja magnitud y no representaron un riesgo mayor para la población, particularmente aquellos asociados con enjambres sísmicos.
Sin embargo, recordó que Chiapas se encuentra en una región con una compleja dinámica geológica, por lo que resulta fundamental mantener y fortalecer los sistemas de monitoreo para conocer el comportamiento de las diferentes fuentes sísmicas.
El comportamiento registrado durante los primeros meses del año confirma, de acuerdo con la especialista, que Chiapas mantiene una importante actividad sísmica derivada de la interacción de distintos fenómenos geológicos y volcánicos, una condición que obliga a mantener una vigilancia permanente y reforzar la infraestructura de monitoreo en las regiones donde aún existen limitaciones para obtener información precisa.
