Tubo de ensayo

7/mayo/2026

René Delios

 

Y es que no puede ser que de la nada, un candidato desconocido tenga alcances electorales sin precedentes, como es el caso de Ángel Torres, que logró un total de 124 mil 458 votos -53.03 del total sufragado- y con ello ser a la fecha el alcalde más votado en la historia de Tuxtla, y con ello no solo ganó, sino que lo legitimaron aun los señalamientos extensos –hasta la fecha- de ser tabasqueño, como sí eso fuera un impedimento sí muestra un acta de nacimiento original.

Todo chiapaneco o chiapaneca, con sus garantías constitucionales vigentes, puede aspirar a puestos de elección popular, y es por eso que de frente o detrás, ex gobernantes del estado o personajes ligados a éstos, mueven sus hilos sin ningún rubor; reaparecen personas para muchos non gratas en distritos y municipios, como los “idóneos” en partidos de todos “los color” -aún sus malas famas-, y desde luego, no se descarta uno que otro independiente –con mucho varo, sino ni al caso- y guste de gastarlo en una entidad que aprovecha las miserias que reparten los candidatos, que no son tan diferentes a las que les da el gobierno con esas despensas y programas federales de saco roto, como mujeres solteras o jóvenes construyendo el futuro, que debieran terminar en su modelo improductivo, y rediseñarlo con algo de servicio social para trancarlo, porque es dinero -miles de millones- discrecional, es decir, manipulable en los escritorios desde hasta allá arriba, y huelen con mucho a electoreros, y de eso se pueden colgar muchos aspirantes, desde ahora, a través de funcionarios corruptos -que los hay; eso no se elimina por decreto-, que forman parte de clanes, grupos, equipos.

Hay indeseables, pues sí. Pero están en su derecho a darle, a buscarla, y hasta a ganar limpiamente.

Pero el problema es la tendencia a lo sucio, a la tranza, al abuso, y es por eso que se ponen las vedas y restricciones legales a esos programas en fechas electorales, por lo que ha sucedido en el pasado, y en lo que la 4T ha tenido mucho cuidado, colocando filtros, candados, blindajes, pero ¿Y morena?

¿Funcionarán los códigos de conducta en ese partido al que se han arrimado tantos oportunistas, abusivos, corrutos, criminales?

Porque los han candidateado, y la gente se pregunta ¿Cómo llegó determinado personaje sin presencia, sin popularidad, a las cámaras de la federación?

 

No hay de otra que manipulando la mal nacida encuesta interna de Morena.

 

Porque no sorprende que en otros partidos designen candidatos con el dedo, pero si en un partido que señala que proviene de la democracia, y en su conformación se observan ya cofradías, grupos, corrientes, de ahí que en esa confrontación sin serlo, se desvincule a la actual dirigente del partido y lleguen a éste dos mujeres cercanas a la presidenta –Ariadna y Citlalli-, dejando a esos cotos de poder en Morena –porque los hay- sin la posibilidad de ejercer el tráfico de influencias y la corrupción política que se vio en 2024, en que se impuso candidatos que, sin popularidad arrasaron en las urnas.

Morena corre el riesgo de volverse corrupto y hay que frenar eso, pues se va a volver a dar, al menos en las entidades, cuyos mandos militantes son frágiles a el gobernante y sus mandos, que tiene sus propias cofradías, alfiles.

Morena crece, se dice desde las dirigencias ¿Pero por quiénes? Es a esos quiénes a los que se debe ese partido y desde luego, los gobiernos que emanan de éste.

Cuando pierden se quejan de que ese partido los dejo a su suerte. Esto para que no se agarren luego de que no los apoyaron porque se usó dinero en la compra de votos para el otro, que hubo traición y demás argumentos para tratar de justificar que perdieron porque no dieron el ancho ante el adversario más popular, más querido, mejor equipado, con más recursos y todo eso que ya sabemos del cómo se dan las elecciones en México, aun las defensas enconadas y apasionadas y hasta fanáticas en las redes sociales a sus candidatos.

 

“Mi candidato”, así le dicen y se la creen.

 

Me cae que como eso también le creen muchos a las redes sociales; si les dicen que hubo fraude, replican la información como cierta como si todo mundo accediera en las redes a la información política.

Lo que veo y leo bastante es intolerancia entre los usuarios de redes, incluso al extremo de los insultos y descalificativos que, puede ser borrado de determinado muro pero ¿Y eso en qué va a cambiar lo que realmente pasa en materia electoral?

Polémicas sobre temas cotidianos como un asesinato o una referencia de EU, el mal uso de algún programa de gobierno o que hay duda sobre la transparencia electoral y así, podemos seguirle con un buen de temas especulativos, incluyendo que las nuevas corrientes ideológicas en los partidos renovados -en el “ahora sí vamos con y por el pueblo”- están ya infectadas de viejos esquemas de corrupción que sus seguidores se niegan a reconocer, prácticos y posibles, para el financiamiento de políticos enmarañados en los mismos intereses de los que siempre han vivido y a los que han servido, y es por eso que sí hay los que no aceptan que, el señalado –en éste caso Rocha Moya- es corrupto, es narco.

Sirva de ejemplo para no caer en lo mismo en la próxima selección de candidatos en Morena, y no me refiero en el ámbito federal, sino en las estatales, en las que aún hay mucha impunidad política, y la expectativa es propicia para ello, pues para las elecciones intermedias –y me refiero a las estatales- del 6 de junio de 2027, se tiene previsto elegir 680 presidencias municipales y las 16 alcaldías de la CDMX, pero también mil 88 diputaciones locales en 30 congresos estatales.

Y desde luego, 17 gubernaturas, es decir, los mandos de medio país, y eso no es poco decir: marcaría la tendencia para 2030, cierre de década en la apertura del nuevo siglo mexicano, en el que la idea es humanizar todo, empezando por el trabajo, que es la mayor riqueza de todo pueblo, la razón de toda nación que se precie de serlo, aun se escuche utópico en medio de tantos medios que dicen lo contrario, y acusan de populista a todo aquel –obvio al gobierno de la 4T- que piensa que, su semejantes, el pueblo todo, deben tener los mismos derechos, filosofía no solo política que rompe con el esquema económico del individualismo a ultranza por el que trabajaron –saqueando, depredando- durante treinta años, los neoliberales en México.