Tubo de ensayo

2/marzo/2026

 

En uno de sus tantos ensayos, Carlos Sacchetto señala que “hay tres preguntas básicas que aportan al análisis: ¿Cómo no cuestionar a la política cuando no es capaz de depurarse a sí misma? ¿Cómo no cuestionar a la Justicia cuando son los propios magistrados los que anteponen otros intereses a los de la ley? Y también frente a este estado de cosas ¿Cómo no cuestionar a la sociedad por su indiferencia y malas decisiones electorales?”

Ciertamente.

En México no podemos desglosar entidad por entidad el fenómeno de la mala calidad de y en la política, pues se registra en cada una, y refleja incluso la terquedad de seguir imponiendo personajes aun sean malos elementos que, lo han demostrado en su actuar político y administrativo, y aun con eso se sigue -para éste 2027- en lo mismo violando normas y leyes, tanto del partido como del proceso electoral.

La cuestión es que pese a ello, sus seguidores deslizan esas cosas a analizar y en vez de citarlas también las ocultan destacando -y cuestionando- la de los adversarios políticos, sean partidos o personajes, contribuyendo a la guerra sucia buscando que lleguen sus candidatos a los puestos de elección popular.

Es decir, por ejemplo, dicen o prometen un combate a la corrupción, cuando ejercen la corrupción política, el tráfico de influencias y la guerra sucia, para imponerse, eliminar primero a los adversarios internos y luego a los contendientes electorales, no con calidad sino con todo lo contrario: la muestra de una pobre capacidad para hacer y ejercer la buena política.

Lo que no se genera no crece, y si no se da la democracia pues cómo la vamos a practicar.

Se ha insistido en que los candidatos posibles, en todos los partidos, derivan de “palomeos” en los listados aprobados en las dirigencias nacionales -incluyendo a Morena-, y las llamadas consultas a las bases dejan el beneficio de la duda en torno a su transparencia; otros la resuelven con eso de las convenciones manipuladas que no promueven la democracia, disfrazan la pluralidad y contaminan el proceso.

Entonces votamos por lo que hay, no por lo que debería de haber.

Eso que hay responde a determinaciones cupulares, a los intereses de éstas y no a los votantes, y es por eso que vemos determinaciones de gobierno no solo mal planteadas, sino también de pobres resultados.

Esto se refleja en el mínimo de beneficio en el pueblo mientras las súper estructuras crecen, y así ha sido por sexenios en México.

Veremos cómo nos va en el presente, ya bastante cuestionado.

Observamos que va a seguir lo mismo del paternalismo, con diferentes matices, sean populistas o tecnócratas -aunque lo nieguen-, que al final de cuentas no aterrizan en lo único que puede hacer crecer el bienestar social, como lo es un salario digno y políticas sociales no solo incluyentes, sino también de verdadero desarrollo, entendiendo esto con posibilidades de crecer, de ser autónomos y no quedar sitiados en los programas subsidiados año con año.

En ese sentido también nos marginan, nos dominan, nos hacen dependientes, y volvemos a regresar a la duda sobre el manipuleo de programas, el condicionamiento de recursos, al uso de los dirigentes que por las fechas electorales aparecen por todos lados, hablando de -y comprometiendo a- “su gente”.

¿Esperábamos contiendas transparentes?

Ni al caso: por la contienda tuxtleca se ve todo tipo de guerra sucia, se verá en las contiendas por distritos, sean federales o estatales, y ya ni se diga en el caso de las gubernaturas a renovarse con el proceso de este 2027.