-A plena luz del día y en una de las zonas más transitadas del centro de Tuxtla Gutiérrez, un intento de asalto volvió a exhibir la limitada capacidad de reacción de la Policía Municipal
Esteban León / Tuxtla Gutiérrez
La tarde del pasado martes, un intento de asalto en pleno centro de Tuxtla Gutiérrez volvió a encender el debate sobre la capacidad de reacción policial. Un sujeto ingresó a un negocio ubicado sobre la 8ª Norte, entre 9ª y 10ª Poniente, donde presuntamente robó un celular a la dependienta y, armado con un cuchillo, trató de obligarla a entrar al baño. La joven logró resistirse y pidió auxilio, lo que obligó al agresor a huir.
Cuadras más adelante, en la esquina de la 5ª Norte y 9ª Poniente vecinos y transeúntes lograron alcanzarlo y lo sometieron contra el suelo para evitar que escapara. Sin embargo, lo que más indignación ha generado no fue solo el intento de agresión, sino la respuesta de la autoridad.
El elemento municipal admite no contar con esposas y señala que no puede hacer más que solicitar apoyo de una patrulla. Mientras ciudadanos le exigen que intervenga, el oficial permanece limitado, sin aplicar protocolos básicos de aseguramiento ni asumir el control de la situación.
La escena es contundente: la contención quedó en manos de particulares, mientras la figura policial lucía rebasada. En un momento que exigía reacción inmediata y coordinación, la capacidad operativa pareció diluirse.
Cuando la ciudadanía termina realizando funciones que corresponden a la autoridad, se debilita la confianza institucional y se normaliza la improvisación. La seguridad pública demanda preparación, recursos y firmeza; no puede depender del valor circunstancial de quienes, por azar, se encuentran en el lugar.
