Tubo de ensayo

15/octubre/2025

 

 

René Delios

 

En éste país por décadas fuimos forjados laboralmente y formados ideológicamente a través de una idea clientelar, como trabajar treinta años y jubilarse –pagando medio vida en una casa de interés social y un carro familiar en el que con los años, ya no cabe la familia-, e irse a un sillón a ver llegar la vejez y la inutilidad como se la inculcaron a la clase obrera o burócrata, todo esto derivado de ideas populistas que no variamos pasada la séptima década del siglo pasado, y que llegó a la explotación por parte de los empresarios en éste país, al cierre del segundo milenio, y reforzándolo ya para 2014 con las reformas de Peña Nieto, que llegaron –vía pacto por México- a aplastar todos los postulados originales de las revueltas obreras de Río Blanco, en Veracruz y de las minas de Cananea, en Sonora, y obviamente los revolucionarios de 1910.

El neoliberalismo los borró, hizo del trabajador un insumo, no un entre con derechos a cambio de su productividad.

¿Cómo sucedió eso?

Durante un siglo –desde la convención de Aguascalientes en 1914-, los dirigentes obreros  y sindicales merecieron todo tipo de mercedes y privilegios, y junto a ellos, los “luchadores” sociales del y por el campo, que se incluyeron gustosos al clientelismo, reconociendo políticas gubernamentales y avalando triunfos fraudulentos, mientras el corporativismo se encargaba de negociar –para enriquecerse- con los empresarios nacionales y trasnacionales, en un control tal, que el país aún el decremento de la calidad de vida, la depreciación del salario, la migración de campesinos -de Chiapas, de Oaxaca y ni se diga de Guerrero y de Michoacán-, a las ciudades, no inmutaron a nadie en el gobierno federal y por el contrario siguieron dejando en el olvido a esas regiones de la nación, y cuyas secuelas tremendas perduran hasta el día de hoy, finales de 2025, en que llegamos ya al primer cuarto del siglo XXI.

Y ahí están los números, las estadísticas, los porcentuales del bajo desarrollo humano.

Fue a mediados de los setenta cuando, la inconformidad campesina empezó nuevamente a exigir –como en la Revolución nunca cumplida- justicia social y fue desde Chiapas: la demanda por la tierra.

Para esos momentos la cuestión agraria ya estaba contaminada, llena de irregularidades en los procedimientos desde los trabajos técnicos dela Secretaría de la Reforma Agraria, que la mayoría de las veces benefició a los caciques que por años, asesinaron a dirigentes por todo el país, y Chiapas no fue la excepción: las guardias blancas de las que ya nadie habla, ultimaron a no pocos dirigentes en los años 80´s del pasado siglo, que por muy pocos son recordados –y ni en lo que queda de esas organizaciones que fundaron, les rinden honores-, como es el caso -entre varios- de Sebastián Pérez Núñez, Maestro bilingüe y dirigente campesino que era el primer Diputado del Partido Socialista Unificado de México en el Congreso local, asesinado el 29 de diciembre de 1988, en el municipio de Bochil.

Sí, hace más de tres décadas.

Ya no vio Pérez Núñez -y qué bueno- como a sus sucesores les fueron llegando al precio y lo mismo fue sucediendo con otros dirigentes de la “lucha por la tierra”, que se acostumbraron a las malas mañas, a riesgo de la vida de sus representados, a los que mandaban a predios “susceptibles” cuando no lo eran, y muchos –bastantes- murieron o desaparecieron durante los desalojos que, posteriormente éstos dirigentes negociaban con el gobierno a cambio de mercedes y privilegios.

Cientos de dirigentes campesinos se enriquecieron escandalosamente en la era priista por éste país, contrastando con la miseria permanente de sus seguidores, que mendingaban los apoyo institucional  a que siempre tuvieron derecho, a través de ellos cuando nunca fueron necesarios, hasta ahora en que la “corrupta 4T”, aplicó algo que se venía pidiendo desde años ha: que cada campesino reciba su varo directamente, sin intermediarios, sin dirigentes, sin organizaciones de por medio, para que éstos dejaran de sangrar los apoyos a los campesinos.

Porque no solo se trataba de agricultura, ganadería, sino también desarrollo humano, que necesariamente debe estar acompañada de infraestructura social.

O sea que ahora si ese dirigente tiene su carisma, ya quedará entre sus representados si lo apoyan “para sus gastos”.

Temíamos que una vez liberados del caciquismo político, en la entidad se impusiera el crimen organizado: está bien no más líderes corruptos como representantes de la gente pobre; esta bien la dureza contra el crimen organizado que se aprovechaba de un pueblo de paz como Chiapas, seriamente olvidado por sus gobiernos para imponer criterios de impunidad y meterlo en la zozobra para explotar el miedo.

Eso también acabó, y se siente en el ambiente y en la percepción de la gente, que es lo que cuenta, y a la que ya no es tan fácil de manipular como se hacía otrora a cambio de su dignidad, por los apoyos a los que siempre tuvieron derecho.