Agencias
En la escena literaria mexicana, Andrea Chapela ha encontrado un espacio desde donde experimentar con la imaginación y la emoción. Su escritura, profundamente ligada a la ciencia ficción, se nutre tanto de la curiosidad científica como de las inquietudes humanas más íntimas.
Con su nueva novela Todos los fines del mundo, la autora mezcla un posible apocalipsis climático con una reflexión sobre la amistad, el amor y las deudas emocionales que cargamos en circunstancias extremas.
Para Chapela, la ciencia ficción latinoamericana no solo imagina escenarios de crisis, sino que también ofrece la posibilidad de futuros esperanzadores y colaborativos.
Todos los fines del mundo explora tanto la crisis climática y las nuevas formas de relación humana.
El fin del mundo es uno de los temas que la ciencia ficción orbita constantemente y durante un tiempo me preguntaba cómo narrar la crisis climática. Tras una conversación con una amiga escritora sobre lo difícil que es contar un problema tan grande, sentí que podía y debía intentarlo.
Al mismo tiempo, yo estaba atravesando por un periodo de dudas sobre el amor y la amistad. Quería pensar en esas relaciones que marcan la vida y que muchas veces no encajan en etiquetas simples. Así nació este grupo de amigos enfrentados al fin del mundo.
Para mí es muy importante que la idea ciencia-ficcional y la idea emocional estén conectadas: lo extraordinario intensifica lo íntimo”.
Chapela explica que eligió el escenario apocalíptico no como un fin en sí mismo, sino como un recurso para intensificar las emociones. La protagonista se enfrenta a sentimientos de deuda y arrepentimiento en un mundo que se desmorona, lo que amplifica sus dudas y sus deseos de reparación.
“Me parecía que el fin del mundo extremaba muchísimo la sensación que propulsa la novela”, dice la autora. “No es solo una metáfora, sino una manera de poner bajo la lupa esas relaciones que nos marcan.”
En tu novela no predomina la visión pesimista del apocalipsis. Al contrario, planteas la posibilidad de solidaridad y colaboración.
No creo que toda la ciencia ficción tenga que hacerlo, pero a mí me interesa subrayar que podemos imaginar futuros que no sean completamente terribles. Hemos construido demasiadas narrativas desesperanzadoras, pero también existe resiliencia. En el sismo de 2017, en Ciudad de México vi cómo la gente se ayudaba y eso me marcó profundamente.
Mi experiencia de la crisis es que refuerza la comunidad. En momentos terribles, lo humano es ayudarnos unos a otros.”
La escritora asegura que la ciencia ficción latinoamericana atraviesa un momento de experimentación y efervescencia. A diferencia de la tradición anglosajona, aquí los vínculos con la naturaleza y la tecnología se presentan desde un ángulo propio, enraizado en la historia y el territorio.
“Creo que hay dos relaciones muy particulares desde América Latina: primero con la tecnología que debemos adoptar, aunque no siempre está pensada para nosotros; la segunda, la naturaleza, que ocupa un lugar central en nuestras vidas y narrativas”, afirma.
No hemos llegado a una definición única porque estamos en plena experimentación, pero sí creo que tenemos un enfoque distinto. En nuestras historias, la naturaleza y la tecnología conviven de maneras que no se ven en otros contextos. Esa interacción crea tópicos originales y abre caminos nuevos.
Ahora mismo en México hay una producción riquísima de ciencia ficción que está proponiendo miradas muy distintas del futuro.
La ciencia ficción latinoamericana no copia, inventa: surge de nuestra relación única con la naturaleza y la tecnología.”
Más allá de lo literario, Chapela reflexiona sobre la fascinación que los humanos sentimos por las narrativas apocalípticas. En su visión, hay algo tranquilizador en pensar en un final absoluto, aunque su libro advierte que la realidad sería mucho más complicada.
¿Por qué crees que nos atrae tanto imaginar el final de los tiempos?
Tal vez porque, aunque el final sea terrible, también hay algo de consuelo en la idea de que todo termina. Pero yo quería contradecir esa noción: no será sencillo, no será como apagar una luz. Más bien, será un alargamiento doloroso, una continuación en la que las emociones y las relaciones humanas estarán a prueba.
“Creo que el fin tiene algo que nos asusta, pero también nos da sensación de control. Pensamos: se acabará todo y luego vendrá algo nuevo. Pero la verdad es que ese final no será un corte limpio. Será un proceso largo y difícil de imaginar”, señala.
El scifi apuesta por futuros distintos
Chapela insiste en que la ciencia ficción no es solo una herramienta para imaginar catástrofes, sino un espacio para proyectar posibilidades de vida distintas. Para ella, narrar el cambio climático no significa resignarse al desastre, sino repensar las formas de comunidad, amistad y amor en escenarios extremos.
Todos los fines del mundo se suma una corriente latinoamericana que busca ampliar los límites del género, integrando las realidades sociales y los dilemas emocionales en universos especulativos.
