René Delios
Ni se mencionó el tema con la seriedad que reclama.
Y es que para el periodista cuestionado en el tema que sea –y más si habla bien de la presidenta y Morena- que entra en desacuerdo con la información que se dice, el periodista que redacta la nota incómoda es un boca del gobierno -o subordinado de la 4T-, y si la cuestiona pasa a ser escribano del capitalismo -o un chayotero-, pero cuando es un estorbo y le meten un balazo -¿Un asesinado más?-, no hay reacción política, y entonces los comunicadores se ubican bajo tres fuegos por la liviana óptica de quienes no entienden que no se oculta la verdad con descalificar o acribillar al comunicador, pues la misma se evidencia en el hecho mortal, como lo es que no se puede hablar de seguridad en México cuando, es la nación en la que más se asesinan a periodistas en tiempos de paz, y cuya actitud intolerante de parte de las oligarquías corruptas por los estados del país, es más que evidente si agregamos la larga lista de activistas ultimados y desaparecidos en la última década; en 2024 25 ambientalistas fueron ultimados, además de 5 periodistas.
Sí, la mandataria destacó solo lo suyo: se redujo el crimen de alto impacto, e hizo el desglose de que octubre de 2024 –cuándo tomó posesión- a mayo de este año, se ha presentado una reducción del 18.7 por ciento. Lamentablemente también debe desglosarse otro aspecto: no es lo mismo que se asesinen entre sicarios, entre autoridades y sicarios, a que ultimen a un luchados social conocido por defender la sierra de Zongolica en Oaxaca, o acribillen a un periodista por sus investigaciones periodísticas en Sinaloa.
El punto es que este tipo de situaciones lo enlodan con el hecho de politizarlo, incluso encapsulando los casos por sexenio como si los casos pendientes antes de Amlo no tuvieran la misma importancia que los actuales, pues son tanto reflejo de la inseguridad para comunicadores como de la impunidad para los que actúan mortalmente en su contra.
Los periodistas no tenemos seguridad, como tampoco ambientalistas, feministas, activistas campesinos, exigiendo justicia; justicia como tantos sectores con sus necesidades sociales de sexenios, como se mide este tiempo mexicano, y más la presente 4T en el que el número de comunicadores asesinados es el más alto.
Se dice que en el exterior consideran que los periodistas mexicanos son osados en su trabajo aun a riesgo de su vida, o que dado a que hay más apertura en los medios de comunicación, el periodismo tiene más cobertura de acción e incluso, que ha habido periodistas con claros nexos con el crimen organizado y que han servido de vía denunciante de la presencia de adversarios de la célula a quien sirven.
En cada homicidio de un comunicador le ponen dudas, referencias, pero el punto es que no se aclara.
Dada la violencia es difícil darle seguridad a un periodista, pues para empezar no se la dan -ni laboralmente- en su propio medio de comunicación; pero sí se da una amenaza ¿Ese comunicador está obligado a decirle a la autoridad, porqué solicita protección?
De 2000 a la fecha, y de acuerdo a Articulo 19, se han registrado 153 asesinatos de periodistas en México, en posible relación con su labor, pues cada homicidio trae su polémica en la entidad dónde se dio, incluso relacionando al comunicador con malos nexos, filtración muy recurrente desde las fiscalías.
Del total, 138 son hombres y 17 son mujeres.
De estos, 14 se registraron durante el mandato de Enrique Peña Nieto y fue con AMLO en dónde se disparó la cifra: 47.
¿Cuántos impunes?
Casi todos: así seguirán; los periodistas estamos a tres fuegos: para la presidenta mentimos, para la ciudadanía nos vendemos, para el crimen estorbamos.
Ahí la llevamos, sumando muertos.