René Delios
La inconformidad contra gentrificación crece no solo en México, sino en Europa y Asia.
El turismo se ha vuelto irreverente a las costumbres y tradiciones de los pueblos que visita, más por desinformación que por soberbia, y simples ejemplos como unos turistas acosando a las geishas porque las creen las putas del Japón o una extrajera corriendo de una playa en Los Cabos, a una banda duranguense; o lo contrario: la respuesta de los lugareños a ese tipo de actitudes con grafitis contra el turismo en Atenas, ataques con pistolas de agua en Italia, Portugal y España, y una marcha acuática contra los cruceros en Venecia, o como en ciudad de México contra el turismo no solo excesivo sino agresivo –que incluso se cree en algunas partes dueño de las playas mexicanas-, y la gentrificación por parte de los “nómadas digitales” extranjeros, y que acabó en violencia cuando un pequeño grupo de participantes –los famosos infiltrados que buscan desprestigiar los movimientos- destrozó escaparates y saqueó tiendas en el centro histórico, durante la marcha del 4 de julio pasado.
El punto es que los consorcios turísticos si bien no contamina, no informa y advierte a sus clientes qué no debe hacer en México, sencillamente porque la mayoría de las empresas hoteleras son trasnacionales, que viene a formar parte de una de las penas más grandes del país, pues si bien dueños de las bellezas naturales, no lo somos de la infraestructura, que es la que se lleva las ganancias y da ralo beneficio a la nación que no sea dar ocupación, sí, pero sin la aportación a los trabajadores, ni derechos, ni antigüedad, y no hay de otra: se prefiere que generen ocupación, pero en el caso de las playas se les tuvo que decir y claro –ley en la mano- que son propiedad de la nación, y por lo tanto de libre tránsito, por lo que ninguna es privada y propiedad de hotel o particular.
Esta bueno el anuncio: México recuperó sus niveles turísticos prepandemia y ratificó su posición como el sexto país más visitado del mundo en 2024, con más de 45 millones de turistas internacionales, y que de acuerdo al Inegi –o sea, no son datos concluyentes de hacienda federal- erogó 16 mil 681 millones de dólares en el primer semestre de 2025 representando un aumento del 6.3 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior, por lo que mal no le ha ido a la llamada industria sin chimenea, por lo que podríamos decir que es de las trasnacionales con más éxito en el país, y que al menos debería corresponder dando los correspondientes derechos laborales.
Pero si se les exigen no faltara el, la, los y las que digan que se atenta contra la iniciativa privada.
Matraz
Para una entidad que reclama un desarrollo humano y equidad en municipios indígenas, en una retrospectiva en corto plazo, como que no hacían mucha falta un estadio de futbol y un lienzo charro, buscando “colocar” a Chiapas no sé en qué lado, porque ni con eso remontó en los niveles de desarrollo que buscaban los gobernadores que impulsaron esos proyectos, que son estructuras costosas en su momento y de poco uso, y ya ni se diga de beneficio para la ciudad capital del estado, menos para la entidad misma.
En su momento las construcciones de referencia se reportaron con costos de 80 millones de pesos el estadio, y 150 millones de pesos el lienzo charro, obvio es que no hay reportes del cómo han beneficiado a la entidad, salvo la utilidad en su alquiler por parte de empresarios deportivos o de espectáculos, y ahí están como monumentos al gasto innecesario habiendo otras prioridades.
Lo contrario son las ciudades rurales, que no merecieron continuidad aún la buena propuesta; éstas incluso fueron adoptadas por tres naciones africanas para integrar a su población dispersa. Chiapas –para no variar- tiene la mayor densidad de población dispersa, por lo que construyeron éste tipo de poblados integradores –con todos los servicios- en Tecpatán, Jaltenango, Ostúacán, Ixhuatán y Berriozábal, y aún la inversión en su momento y cuya óptica social fue muy distinta a la de construir espacios para el esparcimiento deportivo, y como siempre y aún su compleja aceptación en zonas indígenas, las Ciudades Rurales no siguieron siendo impulsadas en su momento, al estilo de siempre de quien entra sino la borra del todo, ya no apoya la continuidad de la obra –y menos si es buena- del que se fue, para que no le haga sombra a las propias ideas.
La idea de integrar a la población dispersa del estado no es nueva, solo que nadie la había intentado: es un proyecto integral que se debería retomar pues es prácticamente imposible –esa es una cosa innegable- dotar de servicios elementales a decenas de miles de ciudadanos chiapanecos con ese derecho, aun éstos servicios estén cerca de su zona de ubicación, porque técnicamente no es nada fácil y barato llevar un cable eléctrico de cerro a cerro para una o dos casas en cada uno, y ya ni se diga agua potable y drenaje.
Obvio éstas tres obras mencionadas presentan su imponderable, antecedentes negros, versiones sobre esto y aquello, pero ahí están, y hay que darles utilidad, hacerlas rentables –pues mantener estadio y lienzo, cuesta un varo- de beneficio, pues finalmente son propiedad del pueblo, y así con las obras de pasados gobiernos: ¿Es buena? ¿Vale la pena la reinversión? ¿Merece la continuidad?
Porque ese es el punto: no gastar inútilmente en lo que no funciona.