Tubo de ensayo

23/septiembre/2025

René Delios

Cuando China se abrió al libre mercado a la muerte de Mao Tse Tung, por todos los países comunistas y de tendencias socialistas y hasta populistas –o la combinación de ambas, aderezada con una corrupción negada como fue por sexenios en el caso de México- muchos fueron los que cuestionaron la medida y le auguraron desgracias varias por regresar al capitalismo.

Pero ese pueblo milenario si de algo sabe es de desgracias, y desde luego, aceptó que si bien esa llamada revolución cultural de Mao impidió la voracidad extranjera que padecieron desde la invasión de Inglaterra en el siglo XIX con eso de la ruta del Te que en realidad fue de opio, ésta vez abrían la puerta pero con sus revisiones y supervisiones.

Hoy vemos en solo casi cinco décadas las grandes urbes en esa nación, súper desarrolladas y planificadas como pocas, seguras, hermosas; impresionantes en tamaño e infraestructura, luego de las reformas en la década de los setenta.

Conozco a varios que han ido por esas tierras y lo mismo ven un Mac Donald que tiendas Adidas, como conoces a chinos que se niegan a todo lo gringo o inglés, incluyendo –ya en el extremo- su música.

De ese tamaño.

China es hoy una nación al facto cero, es decir hasta la maquila es perfecta, exacta, o esa copia fiel de un original y que por acá llamamos “clon”.

Pero con todo y eso, aún más de 90 millones de chinos viven en condiciones de pobreza y todo indica que en un lustro lo remedian, luego de que en tres décadas sacaron de la pobreza a 900 millones, o sea que hablamos de cinco veces a los habitantes de nuestro país.

¿Y sí le copiamos sus métodos? ¿Cómo que no se puede?

Los chinos encuentran la manera de resolver la pobreza, y desde luego como en nuestro país se diseñan todo tipo de programas para resolver ese rezago social que para ellos es humillante y que en nuestro país es reflejo de la corrupción galopante que asfixia la cobertura de las políticas públicas.

Quise tomar ese ejemplo chino no solo porque estoy en una serie de documentales sobre esa nación, sino también porque pese a venir de un régimen duro, acepta y describe sin rubor lo que aún pasa, y la nación reconoce –ya con menos mucho menor censura- que hay secuelas de un centralismo bárbaro presidido por Mao, en el caso mexicano sucedió algo parecido, pero ejercido bajo el presidencialismo sexenal, a través de un mandatario que era como una especie de ¿dictador o monarquía? Temporal por seis años, a quien se le aplicaba el “institucionalismo a ultranza” tanto al presidente como una lealtad intelectual al PRI, de ahí que se le definiera como “partido de estado”, como lo es el partido comunista chino.

Hoy no existe ese presidencialismo en México, y aparte, se reduce la pobreza en solo seis años.

Dicen que la 4T es de izquierda, comunista.

Aun la clase política del pasado no acepta sus errores y menos cambia el rumbo de sus políticas, entercados por no verse como imprecisos o equívocos, aun eso no le importe a millones que saben que ellos, con el llamado neoliberalismo, que buscó fortalecer al estado para que éste, distribuyera la riqueza, fueron los que se robaron los beneficios.

En éste país cada sexenio se diseñaban programas, se gastan recursos en el vacío, se saqueaban arcas y proyectos, se usaba la infraestructura laboral o estructural con fines personales o partidistas –y más en los municipios- en un desgaste institucional que a la larga comprendió años sin beneficios.

¿O cuánto costó a México esa corrupción de sexenios?

Porque no es posible que transcurrieran los sexenios con el mismo problema de pobreza sin avance alguno, hasta que la gente determinó que ya no más ellos, los neoliberales, en el poder, porque no fue la 4T, fue la base social.

Porque edificamos y edificamos y no superábamos la loma, esa misma en la que los mexicanos gritamos solos por más de medio siglo porque ésta clase política neoliberal no escuchó.

¿De qué se extrañan entonces de que la banda no los oiga ahora, aun usen las ondas hertzianas, los megahercios, las radio frecuencias, el espacio radioeléctrico posible, y casi todos los impresos para convencerlos de que ellos son los buenos?

Igual mejorando –no manipulando- el argumento, elevando –no incendiando- el discurso, sustentando –no solo publicando- sus denuncias.

O sus manipulaciones como el que “Sheinbaum y AMLO se distancian”, como escriben por ahí o por allá, destacando en los sumarios en negritas, y en las cortinillas con énfasis, que ella no comparte las políticas del exmandatario y quiere exponer las propias, y que yo recuerde solo una vez no aplicaron la misma política y fue durante la pandemia.

Se dijo –obvio- que el manejo del covid-19 la distanció AMLO: mientras él desestimó la peligrosidad del virus, ella prendió alarmas; mientras él no usaba tapabocas, ella sí, y además promovía su uso.

¿Eso era motivo para pleito?

Pues no.

Y al final les ganó la elección y les dio una lección.

Ahora promueven que esa aceptación se debe a los programas sociales, no a la imagen de la mandataria.

Cómo es que esos compas no entienden que ya no tienen la credibilidad.