Tubo de ensayo

12/septiembre/2025

 

René Delios

Ya empezaron con señalamientos de falta de presupuestos para esto y aquello, a través de las mismas estrategias de antes como por ejemplo “el campo está abandonado”, aun haya quedado claro desde allá arriba que, ni organizaciones o cámaras de los diversos giros agrícolas o agropecuarios, van a recibir el varo para que sean ellos quienes lo distribuyan, o por otro lado, acusan de que hay mucho lucimiento en torno a los integrantes del gabinete estatal, cuando eso, de siempre ha sucedido en la política, en dónde el culto a la imagen es recurrente, como la especulación.

Pasó hace un año, por ejemplo, cuando se “barajeaban” –que como ahora no responden, le hacen guerra sucia- para posiciones “claves” que, la verdad, reclaman más atención que lucimiento en los albores del tercer milenio del siglo XXI chiapaneco, en el que nuestra entidad permanece en situaciones increíbles de rezagos sociales –incluyendo conflictos agrarios inflados por caciques o políticos que si no entienden, hay que meterlos a la cárcel; repito Chiapas no merece estar así, ante sus dones y riquezas, historias y por lo tanto culturas milenarias, y cuyas demandas y manifestaciones fueron relegadas por años y que ahora resurgen con la fuerza de un proyecto del gobierno –¿la chiapanequidad?-, que esperemos se mantenga todo el sexenio pues, como sabemos, la promoción cultural y la tradicional –si bien muy presumida- no es políticamente rentable pues, por lo general, artistas y creadores como artesanos no son dados a adular políticos.

¿La cultura se fractura con la 4T? Igual y no: pero ante tanto intelectual “de derecha” –Ja!-, que proclama -bajo la asignatura de Claudio X González-, y publica desplegados incendiarios por “un México censurado”, hay que tener prudencia.

La otra es que la cultura es innata; nace del pueblo y se arquea en el tiempo aun censuras de los gobiernos: pasó en Rusia, China, pasa en EU o Inglaterra –porque así es-, obvio sucedió en nuestro México por sexenios, y aun el bombardeo extra cultural desde televisoras proyanqui, lo precolombino subsiste, pese al paso de invasiones y religiones y desde luego influencias que, son múltiples y diversas en –y de- éste mundo globalizado e intercomunicado en segundos.

Lo que sí es que se puede consolidar, y eso solo lo permite la educación, la que es necesario mejorar sustancialmente en Chiapas, porque sin ánimo de entrar en polémica por dónde viene o se dio la causa, la cosa es que la entidad está entre las que más presentan rezago educativo –incluyendo la educación básica-, requerimientos en la infra estructura, calidad en la enseñanza y otras muchas cosas que comienzan con el hecho grave de que hay analfabetismo, y que es muy difícil reducir significativamente en un sexenio, por lo que el asunto de la educación en Chiapas es en verdad algo prioritario, no un juego de posicionamientos, pues muy aparte de los números oficiales, un alfabetizado recae por desuso del ejercicio de leer.

Por eso en Chiapas la metodología –me dicen- es distinta, y ojalá como en China –que en veinte años sacó a 700 millones de sus ciudadanos de la pobreza-, comprenda brigadas de retroalimentación –que pueden realizar los normalistas como servicio social- como hicieron en el país asiático.

Claro, eso sucede cuando, un gobierno es pueblo, y en ese pueblo hay conciencia social; el gobierno no solo es el administrador de la riqueza nacional: sino que el gobierno se funde con ese pueblo y no cae en el elitismo, como el neoliberalismo.

Pero esa es otra historia.

Al menos en el de López Obrador, sí se redujo la pobreza promedio -Chiapas como mayor ejemplo- y no dicho por él, sino por el banco mundial, que es neoliberal, y eso no gustó a todos los adeptos y adictos a la ultraderecha, que no reconocieron ese logro que el neoliberalismo no logró en treinta años, y el cinismo es tal, que niegan a cuello el desplazamiento social que generaron en millones, derivados de la corrupción no de hace siete lustros, sino desde la convención misma de Aguascalientes, después de la Revolución -cuando se repartieron el país-, la que no se cumplió nunca pero que sí usaron como bandera y demagogia, no los prianistas, sino las elites durante el siglo XX, y que son los que hoy se sienten despojados de sus mercedes y privilegios.

Pero esa también es otra historia.

Hoy que en verdad la aplican desde abajo se alteran; quieren llegar con las vestiduras desgarradas hasta la ONU, a la Haya, a la CIDH, a EU cuando, esa base social a la que batearon por sexenios, es la que decidió en México, abundantemente, para dónde debe ir la nación.

Fueron los más, no unos cuantos, como otrora.

Es por ello que hay que seguirle con los de abajo, y eso incluye prepararlos desde la alfabetización misma, como base para la igualdad, la equidad y la justicia social, así a secas.

Todo lo demás se dará por añadidura, incluyendo la popularidad y el reconocimiento del pueblo, a ese gobernante barrio.