Políticamente los chiapanecos han sabido decidir desde que inició el siglo: en Chiapas cayó el PRI del poder en 2000 como sucedió en el ejecutivo federal; cambió antes que todos los estados dónde era gobierno –Quintana Roo, Michoacán-, al PRD, cuando no había otra alternativa que el PVEM en 2012 -Morena alcanzó registró ante el INE hasta el 2014-, pero votó con todo por ese partido en 2018, y lo volvió a hacer con contundencia en 2024.
Pero hay los que dicen que no, que los chiapanecos son manipulables, y deslizan tantos hechos históricos recientes que dejan en claro que no es una población indiferente ante sí, como el movimiento por la recuperación de tierras en los ochentas, el levantamiento indígena de los noventas, la transición sin balas en el 2000, y una buena determinación en 2024, luego de varios antecedentes de inconformidad estatal, que muestran que los anquilosados son otros que se niegan a aceptar que, esto cambió, y más se van a convencer aquellos que pretendan hacer valer su “presencia” con abusos, sea bloqueo de carreteras o toma de inmuebles públicos, y ya ni se diga secuestro de personas so pretexto de lograr concesiones “especiales”.
No es represión, es estado de derecho, reclamo de terceros a los que le obstruyen el paso, o cuando atentan en contra de negocios porque están enojados, o enojadas, como las feministas que destrozan la propiedad de particulares porque están reclamando justicia.
¿Y cómo se le va a hacer justicia a los negocios afectados?
Sí, eso del estado de derecho y la justicia es complejo, pues en un civil común es con todo, pero hay influyentes, gente cercana al poder que se siente inmune, impoluta aun las atenuantes, y en esta administración demuestran también que no, que ya no hay exquisitos, aun sean amigos del gobernador, que pondera por encima de eso, a la ley.