René Delios
En El Salvador los maras sometían a la gente al terror total, en algo mucho más violento que los narcos mexicanos que tanto espantan a Trump, porque envician a sus compatriotas que se meten voluntariamente de todo, hasta el mortal fentanilo, que ha sido motivo de toda negociación, lo que incluyó la extradición de 29 narcos a Estados Unidos, lo que generó mucha especulación sobre el qué va a recibir México a cambio, lo que es lo de menos, pues Trump ve de reojo a todos, obvio a los latinos, y así, habla mucho y feo, y eso es desprecio, discriminación.
Su idea –dice- es “regresarle” su grandeza a Estados Unidos, cuando ese país a donde llega de dominio ha sido prepotencia, explotación, despojo, como ahora que, a cambio de parar la guerra en Ucrania, va a explotar todas las circunstancias posibles de esa nación, que es lo mismo que quería Europa, con eso de que entrara a la OTAN.
Ese capricho fue de Biden y la Unión Europea, y estuvo de acuerdo Volodímir Zelenski, el otrora actor y productor de TV, hoy presidente ucraniano, y se dice entre datos varios que a ambas naciones les ha costado 400 mil muertos, que no va a olvidar nadie, pues esa historia de asperezas entre éstos malos vecinos data de siglos, y la presente no es la primera diferencia armada que tienen, demostrando cual y cómo es el problema de tener enfrentamiento con el de al lado, que sería el caso de México con EU –ya van dos-, por aquello de que muchos dicen qué le podremos hacer a esa poderosa nación en el caso de una conflagración, recordándoles que la guerra no es tirar tu más poderosa arma sin ningún honor, pues claro que Rusia deja caer una de sus atómicas a Ucrania y todo acabó, como se lo hizo Estados Unidos a Japón, algo que es un guardado histórico en la conciencia de los nipones, como en nosotros el cómo, EU se quedó con más de la mitad del territorio mexicano.
(¿Quiénes son los que saben que hay en Guatemala los que piensan lo mismo de México, que según, les agandalló so pretexto de una votación inventada, a Chiapas?).
Y como esas diferencias en la historia hay muchas, como el hecho de que durante la guerra entre México y EU en 1846-1848 que concluyó con la rendición y la pérdida del territorio, la resistencia popular fue de dos años ante tal poderío –como los tres años que lleva Ucrania ante Rusia-, y pese a que México estaba fragmentado por intereses políticos diversos que, incapaces de unificarse, permitieron la invasión, la nación subsistió: aquí está.
Pero la resistencia popular fue histórica, como lo fue solo catorce años después, en 1862 cuando se dio otra invasión al país: ahora la francesa, con su llamada armada invencible; el pueblo resistió aun la diferencia en armamento, aun los traidores que ahora quieren reivindicar los de la derecha y que ya no tienen caso.
La derecha también tiene su resurgimiento, más en Europa que en América –pero en América está EU, con Trump-, en dónde también crece la otra pus: el populismo redentor, tan megalómano como su adversario, pues si levantan la vista, tan mediático es Trump como lo fue AMLO, pero el primero tiene con qué aplastar incluso a sus socios y AMLO se quedó en el mero discurso: no abatió la pobreza, o acabó con la corrupción, no acabó con la inseguridad.
Así que Trump no va a acabar con México: ¿Aranceles? ¿Frontera sellada? ¿Deportaciones masivas?
Eso es inmediatismo que no fortalece a su nación.
Ellos son los viciosos, y ese es su problema de salud pública, no de seguridad nacional como dice el magnate todo histérico en contra de los latinos, en un EU que los necesita, y que en vez de elevar –otra vez- la vista y entender que debe fortalecer la zona geopolítica –la mitad del mundo-, quiere hasta a sus vecinos sometidos para ser hegemónico.