Lo que hacía que no fructificarán los programas sociales en México era la falta de transparencia en su administración.
Ni negarlo, como también lo fue la queja de la gente por todo el país, de que les mochaban dinero funcionarios o dirigentes y a veces hasta los dos, dejando muy pobre el beneficio; la corrupción fue entonces el principal motivo de la reestructuración de esa política social, puesto que se desconocía si habían alcanzado a la población objetivo y su impacto en la disminución de la pobreza era de estadística, no de realidad, que se manipulaba vía medios de comunicación.
Eso no los desconocía AMLO en la campaña de 2018, pues el dominio de esos programas en esa fecha era del PRI, y ni aun así ese partido no se mantuvo en el poder, por lo que ese corporativismo ya no funcionaba electoralmente y pues ¿Para qué mantenerlo?
Era mejor limpiarlo, y aportarlo directo, sin organizaciones, líderes de esto y aquello, y fue un éxito, pues el número de personas en esa condición de pobreza se redujo, y ahí sí que a cómo decían los neoliberales -y que ahora usa la 4T a modo-, ahí están los números.
Y en eso destaca Chiapas, entidad en la que se dice, se redujo la pobreza.
Con ese antecedente Claudia Sheinbaum invertirá éste año 850 mil millones de pesos en los programas del Bienestar, con la propuesta de que para 2026, podría llegar al billón de pesos, que es mucho dinero como para el presupuesto anual de ocho estados del país, y que es un dinero que se usa la gente principalmente en el comercio, generando circulante, empleo, en el pueblo chico, en la ciudad grande: es integrador e integral, y sobre todo, transparente, pues en el caso de Chiapas el mandatario Eduardo Ramírez Aguilar señaló éste fin de semana en Tapachula a las y los profesionales de la construcción a actuar con honestidad y denunciar cualquier acto de corrupción de parte de quien sea, de cobrar diezmos.