Ahora la cicuta se vierte sobre la posible reforma electoral -que ni siquiera será para 2027, sino después-, a que se refirió la presidenta Claudia Sheinbaum en una de sus recientes mañaneras, y por eso recorrió las redes sociales, con todos y sus malos presagios.
De todos modos ya se dice que dicha iniciativa que posiblemente presente la presidenta Sheibaum dentro de tres años, pretende retomar los dieciocho artículos constitucionales enviados por AMLO en 2023, y que se conoció como “Plan A”, y que según buscaba debilitar la autonomía de todos los órganos electorales, desde el INE que es quien organiza los comicios, hasta el tribunal electoral, que es el que imparten la justicia ante las controversias electorales, tanto en el proceso como en sus resultados, y ya dominados, así influir en los resultados de los comicios.
La otra es desde luego disminuir “la representación política de la ciudadanía”, -que ni los elige, y si los designan desde las dirigencias- que no es otra cosa que desaparecer las plurinominales en ambas cámaras federales y en los congresos locales, que de a como están las cifras de representación por partido en las cámaras de ambos niveles legislativos, apenas les daría voz a la oposición en esas tribunas.
Obvio no, sería regresar al llamado carro completo, es decir, mayoría calificada en las cámaras federales que mantuvo el tricolor durante once sexenios consecutivos, desde su fundación en 1929 hasta 1988, en que perdió esa calidad.
La historia –y la histeria- ya la saben. El Plan A no pasó y ni el plan “B” sobre reforma electoral de AMLO, tampoco.
No, aun no va a aparecer esa reforma electoral de Sheinbaum, cuyo objetivo ahora –se dice- está más centrado en la renegociación del T-MEC en 2026, que entablar un tema que hasta los morenistas no apoyan abiertamente, pues sin las plurinominales quedarían por decenas fuera de los escaños en las cámaras federales y de los estados.