En una jugada que ha sacudido a la industria automotriz, los aranceles del 25% impuestos por Donald Trump esta semana han comenzado a cobrar víctimas. Varias marcas, arrinconadas por el repentino aumento de costos, se han visto obligadas a cerrar plantas y lanzar agresivos descuentos para evitar una fuga masiva de clientes.
Una de las primeras en reaccionar fue Nissan, que tomó una drástica decisión: detener las ventas en EE. UU. de sus SUV Infiniti QX50 y QX55 fabricados en México, específicamente en su planta de Aguascalientes. La compañía japonesa anunció el viernes que suspenderá los pedidos de estos modelos de inmediato, en un claro intento por amortiguar el golpe económico que suponen las nuevas medidas comerciales del presidente Trump.
Pero eso no es todo. En un giro inesperado, Nissan también decidió mantener la producción del popular modelo Rogue en Tennessee, revirtiendo parte de su anterior estrategia de reducción. Este cambio repentino se da en medio de una profunda reestructuración interna y señales crecientes de crisis en la empresa.
Mientras tanto, Nissan intenta transmitir calma: “Estamos revisando nuestras operaciones de producción y cadena de suministro para identificar soluciones óptimas de eficiencia y sostenibilidad”, declaró. No obstante, la empresa admitió que por ahora su inventario en concesionarios estadounidenses no ha sido afectado… aún.
La tensión es palpable y la pregunta está en el aire: ¿cuántas más caerán ante la nueva guerra comercial de Trump?