Los auto reconocimientos suenan a vituperio, más cuando –y en cuanto- no son apropiados por la base social a la que va dirigida.
Así que no se puede hablar bien de un gobierno que no logra sortear los desafíos externos para defender en lo posible las demandas internas y mantener -también en lo posible- lo mínimo de calidad de vida de sus gobernados.
En México, nación de traidores y caníbales, han abundado en todas las generaciones y rincones de su territorio, los y las que han medrado de los demás y de los recursos públicos y naturales -renovables y no renovables- del país.
Son los mismos que, han depreciado el trabajo de los mexicanos y ante la acumulación de sus malas administraciones, colocado en posición vulnerable a la nación dentro del comercio mundial, haciendo a un lado al nacionalismo económico para entrarle con todo a la globalización económica so pretexto de un desarrollo integral y sostenido.
Ese fue y es el razonamiento de los tecnócratas, y así lo difunden, como parte de su gran prospectiva para la nación, en la que nunca incluyeron a los pobres, pues solo crecieron en número mientras solo mejoraron ellos, la clase política y la empresarial, satisfechas con los “vectores de desarrollo proyectados para México por parte de organizaciones financieras internacionales”.
Sí, también se leía bonito, pero hasta ahí, y ahora que tenemos los aranceles asediando el progreso nacional, ven lo importante que ha sido contar con unas finanzas frías pero sanas, pues cuando en EU había gripa, acá daba pulmonía.