Tubo de ensayo

6/mayo/2024

 

René Delios

 

En medio de las cosas distractoras de enfrentamientos y detenciones de narcos, el futbol de aquí y allende las fronteras; de los bloqueos de carreteras por lo que sea, o que otra vez aparece con sus paros el magisterio a propósito del 15 de Mayo –a los que ojalá el gobierno les diga sí a todo, para que ya eleven la calidad de la enseñanza, que es cosas que ellos, los maestros, le deben a México, y esto dicho por la UNESCO, no por el gobierno-; mientras las cosas verdaderamente importantes para la nación se deslizan a conveniencia de las estructuras del poder que, prefieren que sigan apareciendo temas triviales, inmediatistas que lo crucial.

 

¿Cómo vamos?

 

La nación sigue en la misma: confrontada, con trabas en los legislativos, en los tribunales. Las reformas –parchadas- en lo fundamental no han funcionado, no porque estén mal, sino porque el mal que nos distingue sigue operando, y no es otra cosa que la corrupción.

 

Pero muy aparte de esas cuitas del dinero, de la política, de los movimientos, los importantes, los que deben ocuparnos, los pobres de México, vuelven a ser objeto de explotación política, pero en lo fundamental no son tema de desarrollo, sino de paternalismo y siguen igual aparte de la zozobra por la inseguridad, el desempleo, la inconformidad social observada en las organizaciones sociales o grupos reaccionarios o radicales porque ya les quitaron el varo, en tanto los pobres de México tienen que vivir su pobreza y por eso de ahí parten sus requerimientos, mientras en los medios informativos, el INEGI, la CONAPO juegan a las estadísticas con ellos, manipulan las cifras, y medios informativos difunden que los partidos están enfrascados en la más genuina demagogia, y deslizan la principal necesidad de esos millones de mexicanos que es comer, y los que se percatan de eso, ante la dimensión de la demanda, reducen la calidad de los apoyos, porque tanto dineros como despensas, sin insuficientes para incrementar la calidad de vida.

 

Comer es lo primero, y no, no se están preocupando por una casa digna, porque le pavimenten su calle y les llegue el agua. No tienen energía eléctrica y los centros de salud están más que lejos, incluyendo la escuela. Viven en casas aisladas y sin agua, entre los cerros, y le llaman técnicamente “población dispersa”, que es de difícil atención para el desarrollo humano que se han planteado éste y otros presidentes, y ya no se diga gobiernos estatales que no tienen cómo solucionar ese problema social, y ni le van a entrar, no hay con qué sacar de la pobreza a esos pobres, como para poder potencializarlos siquiera en algún esquema de desarrollo en mediano plazo.

 

O sea que, no va a suceder eso en el próximo sexenio, esa es la verdad.

 

Los mexicanos hoy se enfrentan en cuestiones pasajeras de la política y las manifestaciones y hasta por el fútbol: lo permanente, esa pobreza de sexenios, no parece ser tema de lucha de la masa y hay los que consideran a la pobreza una carga para el presupuesto, unos parásitos de la sociedad, y entonces son usados como error político de la 4T por mantenerlos y no hacerlos productivos, cuando son una herencia social producto de pasados gobiernos, pero aún se diga, se sustente, en la oposición cuestionan el modo, no el objetivo, cuando estuvo bien el haber eliminado organizaciones, sindicatos y fundaciones como intermediarios de los apoyos sociales para los pobres, terminando con el corporativismo que por sexenios se hincho con ese dinero.

 

Los pobres existen porque los sembraron: ahí los dejaron, áridos, secos, perviviendo del temporal, de lo pobre humedad de los subsidios, esos programas miserables que los explotan social y políticamente, para que todo un stablishment –ahora el de Morena- usufructúe del poder y el varo a su nombre: no hay peor demagogo que aquel que adula al pueblo.

 

Hoy sucede cotidianamente en tribuna o templete que las organizaciones progresistas luchan por “la causa” –como el magisterio- en tanto los pobres siguen igual, y solo son referencia cuando hay que explotarlo para políticas asistenciales, campañas proselitistas con torta y refresco, mientras los revolucionarios y vanguardias desde el Starbucks -y ya ni se diga los combativos del Facebook-, hablan de ellos y luego, cada cual jala por su peculio, bien divididos a gracia y satisfacción del gobierno federal o estatal de que se trate, tranquilo que las bases indistintas siglas e ideologías sigan sin causas comunes e incluso confrontadas, sin unir fuerzas para exigir los derechos que se le debe a los mexicanos desde décadas ha, pese a estar plasmados –y pasmados- en una constitución centenaria, incumplida en todos sus sentidos sociales.

 

Ahí están las estadísticas, ahí están las referencias.

 

Ahí tenemos la reseña del sexenio con una oposición absurda tratando de detener lo bueno del adversario, todo para que no consolide su proyecto, y así con todo se han ido en contra de Sembrando Vida –programa social-, el Tren Maya y Tren Transístmico, aeropuerto de Tulum –proyectos de comunicación-, Dos Bocas –proyecto energético-, todo diseñados para equilibrar el sureste con el norte del país, y más ahora que México crece en el escenario mundial de la relocalización o nearshoring, que es la estrategia con la que una empresa busca mover parte de su producción para estar más cerca de su destino final, en nuestro caso EU -reduciendo tiempos de almacenamiento, manipulación, desplazamiento, aparte de mano de obra barata-, por lo que están llegando empresas trasnacionales a los estados del norte del país, como Tesla, empresa que llega con 5 mil millones de dólares de inversión solo en Nuevo León.

 

Pero hay más.

 

De acuerdo con el reporte de la consultora CBRE los países con más inversiones por nearshoring en México son China – 40%; Estados Unidos – 22%; Alemania – 9%; Taiwan – 8%; Corea del Sur – 5%; Japón – 4%; Canadá – 2%; Italia – 2%; Hong Kong – 1%; Inglaterra – 1% e India – 1%.

 

Todas esas cifras se van a disparar entre 2024 y 2030, es decir el próximo sexenio, pero para el norte, el sureste no esta en la óptica de los empresarios de la transformación, salvo los turísticos.

 

De ahí que se trata de elevar la inversión pública en el sureste para atraer la privada, sea en ese ámbito turístico pues la zona tiene aún mucho con que, desde la zona Olmeca de Veracruz, Mixteca de Oaxaca, todo Chiapas y obvio el sureste mismo, para todo tipo de práctica turística, desde los destinos de playa, arqueología, colonia, cultura, historia, geología, vida urbana.

 

Por eso no es descabellada la propuesta del presidente Andrés Manuel de ampliar la cobertura del Tren Maya a Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador.

 

Pero no, esa “es una locura propia de un populista”, pues piensa primero en usar el proyecto como una de las alternativas para dar ocupación a los pobres del triángulo norte de Centro América, que entre otros proyectos -con EU de la mano-, puedan incidir en la reducción de la migración, en vez de ver al proyecto en su caso posible, como lo que es “It’s just business”, por sobre todo aspecto social, y ya ni se diga humanista.

 

Y nos regresamos: los pobres que se queden pobres.

 

El dinero no mira hacia abajo, por eso lo tiene que hacer el gobierno –sí, al que llaman populista por eso-, y más si llega y encuentra esa siembra de pobres que da pobres, porque no tienen los elementos necesarios para germinar de entre ellos mismos, y pues hay que instalárselos, peso a peso, paso a paso, con continuidad y alto compromiso social.

 

Es algo así como tener empatía, equidad, paridad, para lograr la igualdad en la calidad de vida entre mexicanos, aunque sea a largo plazo, pero había que empezar en los hechos no solo en el dicho de campaña, y eso molesta a muchos en este México polarizado y equívoco, que también tiene su gente ignara en el Sureste que no entiende el impacto social que significó el olvido que por 40 años, aplicó el pasado stablishment a esta parte del país, y aun con eso, ansía su regreso.

 

Ha de ser por “la calor”.