Las crónicas de un continuo despertar

8/mayo/2024

 

Arit León Rodríguez

 

Cuando era una estudiante universitaria recuerdo haber visto a lo lejos los cinturones verdes que predominaban alrededor de la ciudad.

Me acuerdo que en aquella época predominaba el verde en muchos lugares y se presumía que la ciudad contaba con un pulmón que a través de las montañas qué la rodeaban purificaba el ambiente, le hablo hace más de 20 años, y eso el día de hoy ya no existe.

Al igual que las montañas que antes de llegar a San Cristóbal de las Casas nos recibían llenas de pinos embriagándonos de ese olor magnífico que esa vegetación nos brinda, era toda una experiencia, lamentablemente el día de hoy la vegetación que rodeaba nuestras montañas están igual de extintas y convertidas en piedras y asentamientos humanos.

El calor de estos días es la prueba total de que la ciudad se ha vuelto un comal ardiente y que nosotros estamos permitiendo obviamente junto con las autoridades, a que esto suceda frente a nuestros ojos y sin ningún tipo de control.

No hay una legislación que obligue a nadie a sembrar árboles a la par que construya algún inmueble y son calles y calles que están llenas de cemento y literalmente arden bajo el sol inclemente que llega más de 42 grados en el día.

Los golpes de calor ya son algo real y peligroso para cualquiera que anda en la calle, especialmente adultos mayores, muchos de los cuales lamentablemente estando en la tercera edad todavía tienen que salir a conseguir dinero, trabajar en casi cualquier cosa para poder subsistir con todo y los apoyos que mencionamos en otras ocasiones, el gobierno brinda.

La realidad es de que muchas de estas personas están padeciendo esta negligencia social y política.

No hay al menos visiblemente una planeación y estrategia funcional que evite que la ciudad se convierta en un abrazo ardiente en unos cuantos años.

Si creemos que lo que hoy vemos es malo estará peor porque vienen sequías, por el uso y abuso desmedido de los mantos freáticos por parte de empresas que a cambio de casi nada o por decir nada, están usando los recursos acuíferos de la población.

Y nos encontramos con que hay gente que en estas épocas realiza talas y podas de árboles, cosa que se hace casi inverosímil.

Las escuelas son prácticamente un horno puesto que la gran mayoría de ellas especialmente en el grado básico elemental no cuentan ni con ventilación y mucho menos con un sistema de climatización para que los menores se encuentren dentro en un ambiente fresco y estable.

En otros estados ya se han instaurado medidas emergentes para evitar que los niños y niñas asistan a clases en estas condiciones, pero acá en el estado vemos que las clases continúan normalmente pese alcanzar más de 42 grados de temperatura dentro de un aula, ventilándose con dos exiguos ventiladores de más de 10 años con suerte.

Es necesario que se empiecen a tomar medidas reales acerca de esta situación, puesto que no va a cambiar conforme los años que vengan.

Inclusive a los empleadores que tengan a personas laborando en áreas que en estas épocas se pueda considerar de riesgo, como talleres, cocinas y lugares en donde se manejen calor y encierro deberían de estar considerando que obligatoriamente tengan disponible ventilación adecuada y elementos de hidratación por ley.

 

Hasta el día de hoy no se ha visto nada claro.