Editorial

6/mayo/2024

En éste país tenemos gente vulnerable que ha sido desplazada de sus derechos sociales desde hace mucho tiempo, por políticos corruptos y sus políticas equívocas, por lo que no se puede hablar ni de una justicia ni de una democracia boyante en México, y es evidente que desde pasados gobiernos se beneficiaron a ciertos sectores que se fortalecieron pero que no correspondieron socialmente con la nación, sacrificando la mejoría social de millones hoy en una marginación que data desde sus abuelos.

 

Y ahí está el historial estadístico del ayer al hoy.

 

Desde luego que cada cual le tira a lo que le conviene, porque así nos han gobernado y establecido el modus operandi, y así los sectores y sus intereses y, mientras, esos millones de mexicanos en la pobreza incluso extrema, siguen en las mismas porque –absurdamente- en la súper estructura se andan midiendo fuerzas, y en la llamada base social se siguen distrayendo en peleas epistolares como bizantinas en las redes sociales, defendiendo cada cual sus propias trivialidades, mientras el gobierno de AMLO se monta en esas trivialidades -que han versado de todo, desde la revocación del mandato, hasta un virus de exportación- porque no tiene cómo, realmente, superar los rezagos sociales que agobian a millones de connacionales, de los que se valió el actual mandatario, para capitalizar el hartazgo social y ganar la elección.

 

Esos marginados deberían ser la causa común de todos los mexicanos como pueblo, pero nos acuñaron el individualismo a ultranza muy por encima de compromisos nacionalistas, partidistas, ideológicos, incluso religiosos: el dinero y el poder por encima de todo.

 

Somos una nación dónde su gente es vista desde el exterior como parte del problema, es decir un pueblo corrupto, por permitir durante décadas y décadas que un grupo en el poder se hiciera de los recursos y propiedades del estado, aplastara el estado de derecho a modo, generara mucha riqueza en unos y miseria acumulada en millones, en una nación cuyas leyes se aplican a modo, y en el que “las palancas” aún son la vía para conseguir lo que no se podía por la vía legal.

 

El estar “bien parado” -¿era o aun es?- sinónimo de poder, no por la capacidad, sino por la cercanía con el presidente, el gobernador, o el alcalde.

 

Hoy un cúmulo apoya a los candidatos, en la idea de que ya en el gobierno, se la va a pagar con un cargo en donde haya, a la baja de la otrora forma de gobernar para servirse.

 

¿Se permitirá?

 

Remotamente, y eso ya es correspondencia de quien administre.