Tubo de ensayo

28/marzo/2024

René Delios

 

Muy aparte de inquinas opositoras y la virulencia electorera, la Cuarta Transformación ofreció cambios en Chiapas que al igual que en la federación, debe reconocer la población, aún lo difícil que es equilibrar y aplicar la justicia social ante tanta desigualdad acumulada a lo largo del siglo pasado y en lo que va del presente, pues en éste país aún no alcanzan los presupuestos para tanta necesidad social.

 

Esta administración heredó una estructura de mandos medio mal acostumbrada al tráfico de influencias, que no es del desconocimiento de los que ahora toman las decisiones, herencia de un modus operandi que arrasó con la perspectiva de crecimiento año con año desde hace medio siglo, lo que es visible en los bajos índices -se insiste- de desarrollo social e incluso humano, lo que hizo a la entidad idónea para explotar tanto la pobreza como los programas asistenciales.

 

Chulada.

 

Y todavía esos mismos y no pocos de sus herederos, pretenden seguir usufructuando a su nombre posiciones políticas, so pretexto de representar “al pueblo”.

 

¿Quiénes?

 

Pues los integrantes de las “oligarquías” –palabra prohibida por el INE ¡Ja!- de siempre en este Chiapas violentado –que da para otro bodrio-, que como sabemos, del PRI brincaron al PRD y luego al Verde Ecologista y ahora caminan francos en Morena, sin ningún rubor.

 

Son un lastre, que desde padres a hijos se han ido pasando la estafeta del coto de poder municipal, regional e incluso estatal, amparados -y ni modo, es lo legal- en que tienen sus derechos políticos vigentes.

 

Desde luego que de entre ellos, hay fuego amigo, aprovechando las demandas legítimas de nuestros pueblos, sometidos por décadas al olvido institucional, y pues ahora no hay el tanto para resolver la cuestión social, que se descompuso desde tiempo ha, y que dejaron crecer no solo en Chiapas, sino en todo México.

 

Desde luego los sucesos violentos brincan ante la opinión pública porque sencillamente no sucedían, y su presencia se atribuyen a una debilidad gubernamental, cuando esa presencia es de tiempo ha.

 

Igual y sí los morenos son malos políticos no se puede meter las manos al fuego por nadie-, pero la gente vota por ellos, aun los acusen de todo sin comprobarles nada, pues para empezar no tienen demanda judicial.

 

¿Entonces de qué los acusan?

 

Me brinca, eso sí, el cómo se cuestiona, vía insultos; ya no es desdibujar a un adversario, sino confrontar -sin elementos probatorios- a un enemigo: ese nivel exhibe al que lo ejerce, y en sí muestra la calidad política en general.

 

Y así por todo México, no es privativo de Chiapas.

 

Todo programa e intención de gobierno debería ponderar el crecimiento de la entidad y su población para que tenga sentido; por su parte -y en lo que le corresponde- esa población debe actuar con apego a un estado de derecho comprometido y solidario -para sí y entre sí-, y no atentar en contra de los intereses del estado y menos del país, que son lo primero.

 

La otra es que como siempre destaca todo lo malo por parte de la oposición al régimen de que se trate, como sucede en Yucatán, entidad que padece el fenómeno de las pandillas integradas por vándalos que son dirigidos por delincuentes llegados de EU, o Chihuahua, en donde el narcotráfico manda en los municipios fronterizos con Nuevo México y Texas, o Chiapas, entidad en la que, se dice, de siempre ha sido paso de todo y que ahora padece las consecuencias del enfrentamiento y ajustes entre células del crimen organizado, como sucede en otras entidades como Veracruz o Guerrero.

 

Pero como Chiapas parecía ajeno a eso, brinca.

 

Pero en la oposición al régimen más que preocupar hasta alegra, en la idea de exhibir al gobierno de Rutilio y Morena, cuando solo se perjudica a Chiapas magnificando esos sucesos al grado de definir a Chiapas como la nueva entidad de la violencia cuando, eso, no es cierto.

 

Negarla ni al caso, pero nada que ver, por ejemplo, con Guanajuato, que ha tenido hasta de 17 ajusticiados en un fin de semana, y no he visto o leído que los morenistas fustiguen al gobierno de esa entidad panista.

 

Como dicen los católicos: roguemos para que no lleguemos a esos niveles.