Published On: Sab, jul 14th, 2012

Defender la democracia

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Defender la democracia

Rosaura Ruiz y Bruno Velásquez

De lo más relevante que ha sucedido en estas últimas semanas en México, más allá de las elecciones, sus efectos, resultados y sus aún insospechadas últimas consecuencias, es el despertar político de una enorme cantidad de personas que, de uno u otro modo, se han ido involucrando en la reflexión y el debate sobre las principales problemáticas de nuestra nación.

Personas y grupos que han despertado del espasmo, salido de su zona de confort, que se han colmado por las múltiples injusticias que diariamente azotan la vida en nuestro país y comienzan a sentir una motivación irrefrenable por organizarse y contribuir a generar los cambios que se necesitan llevar a cabo para que México sea un país cada vez menos injusto, más equitativo y desarrollado; un país donde impere la ley y el Estado, sus agentes e instituciones trabajen en pos del beneficio del pueblo y de la nación y no de intereses particulares.

Como hemos visto, en estos días han surgido, crecido y se están consolidando movimientos y entidades civiles que, por su pertinencia y perseverancia, han ido ganando en protagonismo mediante propuestas innovadoras y a partir de una lucha decidida por enriquecer y fortalecer la vida democrática nacional, así como por denunciar y combatir la corrupción y la impunidad que han echado hondas raíces en todas las esferas de la vida cotidiana. Estas expresiones de la sociedad se han particularizado por ser un recordatorio, fresco y contundente, de que para lograr que nuestro país avance y libre los escollos que lo detienen se requiere del trabajo y energía de todas y todos los ciudadanos que creemos que un mejor futuro no sólo es deseable, sino posible.

En México se requieren cambios profundos y grandes compromisos, políticas y una visión de Estado que reconfiguren los maltrechos senderos por los que se ha deambulado en distintos rubros.

La sociedad organizada, la izquierda mexicana, los diversos movimientos civiles y progresistas de nuestro país, todos los que saben que nada cambia ni nada se gana cuando no se trabaja y lucha por ello, los que deseamos contribuir a que México progrese y salga bien librado de estos momentos álgidos que lo laceran y amenazan, debemos tener bien claro cuáles son los puntos programáticos centrales que se han de defender y por los que se ha de trabajar hasta verlos realizados, puesto que su importancia radica precisamente en su posibilidad de trascender. Pensamos, por ejemplo, en no olvidar que aún falta mucho por hacerse respecto a garantizar y reconocer los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres mexicanas; en exigir el que se cumplan los Acuerdos de San Andrés Larráinzar; en recordarle al Estado su obligación de invertir mínimo 1% del PIB en el desarrollo de la ciencia y la tecnología nacional; en sentar las bases para garantizar una educación de calidad con cobertura universal, pública, gratuita y laica; en exigir que se apruebe la Ley de Víctimas; en trabajar para garantizar la democratización de los medios y el derecho a la información veraz y la libertad de expresión; en defender la soberanía nacional sobre sus recursos naturales; en ésas y en otras tantas luchas y reivindicaciones que precisan de la inercia y la energía que buena parte de la sociedad ha desplegado en estos días, así como de que este despertar se cristalice en el acontecer de una ciudadanía más activa, informada, propositiva, crítica, cohesionada, exigente y vigilante que no ceje en sus esfuerzos y demandas hasta no ver cumplidos sus objetivos.

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