Tubo de ensayo

21/Abril/2017

 

René Delios

 

¿Cuál es el problema para una educación exitosa en éste país corrupto?

Que los encargados de impartir esa educación exitosa son parte de la corrupción, y que han deteriorado sus estructuras a través de los sexenios –que es como se mide el tiempo mexicano-, hasta lo que tenemos hoy en realidad: una mala calidad en educación básica, con una secretaría del ramo autoritaria en extremo, que pretende lavarse las manos cuando está en cohecho histórico, y un magisterio –incluidos el SNTE y la CNTE-, que en promedio no saben lo mínimo de científicos, poetas, escritores, artistas mexicanos, o de historia e idiosincrasia regional porque no leen.

El punto es que pasa el mismo fenómeno en los funcionarios públicos de la SEP.

Los que deciden en esa secretaría no son unas lumbreras que digamos; son institucionales a ultranza: desde su interior debió darse la advertencia de que la Reforma Educativa era una detonante, pues carecía de consenso. La neta se perdió una gran oportunidad para establecer un acercamiento “científico” con la CNTE, y ver qué nivel de propuesta tiene el domesticado SNTE.

Porque haber ignorado a la base magisterial en el modelo educativo es como si en la UNAM ignoraran a la base académica: no pasa eso en la máxima casa de estudios, en dónde respetan la inteligencia desde rectoría; pero en la SEP sí, ante un SNTE arrodillado y una CNTE contrapuesta. La SEP no tiene un compañero en la jornada de estudio nacional, sino un empleado, cuando ambos –SEP y magisterio- son empleados de los mexicanos.

Así que ¿Cuál es el problema para lograr una educación exitosa en éste país?

Observando bien el panorama, sin apasionamientos políticos y gremiales e institucionales, el problema son ellos, y su desacuerdo ideológico o estructural o institucional o laboral; el problema no lo generamos los mexicanos y menos los hijos de éstos a los que está dedicado su trabajo.

Los mexicanos solo vemos una situación enfrentada, una CNTE provocada, una SEP provocando; una radicalidad a la alza y una estrategia envolvente para que el gobierno federal reaccione por la fuerza, en medio de señas confusas como darle entrada a la demanda de empresarios en los juzgados, como enviar al líder de la 22 de un penal de alta seguridad al estatal de Oaxaca, lo que es casi su preliberación.

¡A qué juegan con el giro y el colorado!

Una alteración violenta al orden social va a estimular reacciones aisladas en cadena, que va a aprovechar un crimen organizado disperso por el país, y daría armas a los enemigos de la nación –por racismo o lo que sea- para justificar sus políticas xenofóbicas, de la misma manera en que empresarios canadienses quieren romper contratos con México so pretexto de bloqueos a las siderúrgicas en Michoacán, lo que ya es otra cosa en el ámbito empresarial.

Y en medio de todo esto unos cuantos de éste lado, que no tienen nada que ver ni con la CNTE y ni la SEP, pero que agarran partido: ¿En serio creen que esto es una revolución, un motivo para que renuncie Peña?

Qué idea tan simple del asunto: con la renuncia no cambia nada, es la otra neta: protestar ya es negocio en México.

Digo, eso no cambia ni con AMLO y menos con su intolerancia: ya conocerá a la CNTE –vividora desde hace tres décadas del presupuesto federal-, si gana.

La verdad con siglas no se mejora la educación.

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