Las crónicas de un continuo despertar

12/febrero/2018

 

Arít León Rodríguez

 

En México se ha observado un aumento importante de la matrícula femenina en la educación superior, aun en aquellas carreras consideradas tradicionalmente como “masculinas”.

Desgraciadamente en los ámbitos laborales, la realidad es diferente pese a que incrementó la matrícula femenil en el periodo comprendido de 1980 a 2004 en un área considerada tradicionalmente como propia de lo masculino: la de ingeniería y tecnología.

Respecto a aquellas áreas consideradas propias de lo masculino, como ciencias naturales y exactas, ciencias agropecuarias así como ingeniería y tecnología, el comportamiento de la matrícula femenina para 2004 fluctuó entre 31% y 49%.

Para elevar la equidad, la calidad, así como el aprendizaje en la educación superior dirigida a las mujeres es prioritario abordarlo desde una perspectiva de género aplicando una diversidad de acciones y estrategias emprendidas por organismos internacionales que propician la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en el acceso a la educación superior. Tal es el caso de la UNESCO en la Conferencia mundial La Educación Superior en el Siglo XXI. Visión y Acción (UNESCO, 1998), la cual en su artículo IV, Fortalecimiento de la participación y promoción del acceso de las mujeres, propone lo siguiente:

1) Que se incrementen esfuerzos para que todos en condiciones de igualdad tengan acceso a la educación superior; 2) Establecer medidas que garanticen a las mujeres la participación plena en los procesos sociales que llevan a la toma de decisiones; 3) Fomentar los estudios relativos a la mujer; y 4) Promoción de los derechos de las mujeres para participar como ciudadanas en todas las áreas del desarrollo social.

La realidad laboral es otra y el ejercicio de los derechos es diametral.

 

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Que modos los míos.

Eso han de pensar cuando en las tiendas de conveniencia preguntan si deseo donar un peso ó 50 centavos en pro de cualquier causa y contesto con un sincero no. Así sin esconder la palabra en un tono grave de vergüenza, sonriente.

Cuánto dinero regalamos conscientemente al día en todos lados. Es inverosímil como nos vacían las bolsas y nosotros hasta agradecemos el abuso, en serio.

Desde los centavos que no nos preguntan si queremos acumular en los almacenes -quienes ganan millones de pesos al año sin invertir ni hacer nada más que vernos la cara- hasta las donaciones que realizamos y que con nuestros pesos, empresas varias entregan a grupos necesitados convertidos en miles ó millones y que reciben de vuelta por ser deducibles de impuestos, sus impuestos, no los nuestros.

Si en las tiendas de conveniencia y almacenes tienen programas de acumulación de puntos por venta, ¿porqué no se les exige que esos centavos se acumulen en una tarjeta de bonos que podamos usar al tiempo que se junte una cantidad equis? Porque no les conviene claro.

Es dinero que no se comprueba, no existe para el fisco, que nos quitan alegremente y que va directo a sus arcas.

Desconozco si en otros países es tan descarado el tratamiento al comprador, pero aquí, alcanzan el descaro total. ¿Acaso nos perdonan a nosotros no pagar la cantidad que solicita la caja registradora?

¿Condonan a quien roba por hambre un bote de leche y pañales para su bebe hambriento?

No lo hacen. Ni con estas ganancias, aun fueran el triple de lo que son ahora.

Es por eso que, yo no doy un centavo a ellos.

A quienes lo necesitan si, pero esas son ya otras vainas.

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