Tubo de ensayo

11/enero/2018

 

René Delios

 

Ni que fuera una entidad de alto interés político o económico para la nación; aun con eso en la aldea se andan con mucha especulación para gobernar el estado más pobre y problemático del país, anegado de rezagos sociales y carencia estructural que, nos deja casi en todo al último de la media nacional, a falta de vías para el desarrollo.

Y es que si hay una entidad llena de contrates esa es Chiapas; su riqueza tiene contra espejo: la pobreza extrema: sus recursos no han beneficiado a su comuna en medio siglo de explotación a diario, y no ha habido incentivos reales para el desarrollo agropecuario y agrícola que no sean programas centaveros para campesinos subsidiados de siempre para medio remediarles el hambre, mientras se les pulverizaba la tierra dotada, al repartirla entre los hijos.

Con todo y ese desafío social y los bajos presupuestos y pobres proyectos para nivelar el desarrollo integral de la entidad –que no hay ni para nivelar eso entre las entidades de la nación-, hay muchos aspirantes a gobernar Chiapas.

Hay entre ellos los que dicen conocer a su entidad y no es cierto: ninguno, aun la recorran varias veces por años; sus problemas acumulados, sobrepasan la capacidad del gobierno mismo, y menos si se entrelazan o contraponen sus intereses creados, en un tráfico de influencias y corrupción política y administrativa que tanto le ha costado a ésta entidad, a la que por años no se le evaluó lo que se le envió si es que la obra se hizo, y a lo más llegamos a saber de escuelas o clínicas pírricas reportadas como concluidas y de mayor estructura, cuando no con materiales de muy mala calidad.

Así, posiblemente tres coaliciones busquen la gubernatura o en su defecto, cuatro, si no cuaja la dupla PRI-PVEM.

Mientras eso se define en ésta semana en que se entregan las actas de intención, la guerra sucia en las redes que no le llegan a la población pobre a que nos referimos, nos refleja la pobre cultura política que tenemos, en una de las entidades con mayor rezago educativo para no variar, y que desde luego en la estadística es fácil de manipular, aun esa parafernalia de que “Chiapas despierta”.

En una lucha entre viejos clanes a través de sus exponentes, indistinto partido al que pertenezcan, todos sin excepción son parte de la misma clase política que ha estado en los puestos de dominio y decisión en la entidad.

Salvo excepciones casi todos provienen de clanes, grupos y familias que de siempre han estado en el poder, y cuya ascendencia es fácil rastrear y que denotan esa constante.

Roberto Albores, Armando Melgar, Alejo Orantes y María Elena Orantes, son parte de esa clase política predominante en Chiapas; Rutilio Escandón, Fernando Castellanos o Eduardo Ramírez no; son nuevos apellidos en el escenario político que, la busca hasta arriba.

¿Pero para qué?

Sabemos que estos compas no van a cubrir los requerimientos y resolver las necesidades de Chiapas en seis años, y aun con eso no hablan claro en ese sentido, diciéndole a la comuna estatal que, ni con el presupuesto de tres sexenios se resuelven las grandes necesidades del estado, y menos si se sigue con ese proteccionismo a que se ha acostumbrado a la improductividad, y desde luego al corporativismo que detiene la evolución social y sino al pensamiento crítico, si lo censura, que fue lo que pasó por décadas en que el reparto Agrario fue manipulado y la lucha por la tierra costó sangre que aun reclama justicia, de vez en vez, como ese brote arbitrario en Chalchihuitán-Chenalhó.

Lejos está la frase aquella de “Chiapas, granero y yunque de la nación”, entre otras tantas hasta la actual de “Chiapas nos une”.

Son slogan sin fondo, vacuos: la realidad de la entidad es otra, y su contundencia arrasa todo triunfalismo institucional aun el mejor deseo, el que por cierto no sirve para avanzar: sirve la voluntad, la convicción, la transparencia y no solo en el ejercicio público, sino también en la verdad que todos tenemos derecho a conocer y que aún es de uso discrecional de los gobiernos autoritarios que padecemos.

 

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