Las crónicas de un continuo despertar

7/diciembre/2017

 

Arít León Rodríguez

 

Una conocida me mencionaba lo difícil que le resulta el tema de la adopción. Los miedos que embarga a su familia cuando se menciona la idea de realizar una adopción y que las cosas no salgan como se esperan, que la familia de ese bebe regrese a quitárselos, la desinformación acerca de como realizar este tipo de procedimientos, las ansiedades, los candados que existen en la actualidad y ante todo, los tiempos y el desconocimiento de las mismas personas interesadas.

La situación básica es que, una mujer sola no puede adoptar. Es decir, una mujer soltera no es considerada capaz de adoptar a una niña o niño. Debe estar casada, y casada con un varón.

¿No es esto ya bastante retrógrado? Realmente las parejas inestables no dependen de un sexo para serlo, así como las familias homoparentales no son en definitiva, fuente nuclear del caos.

Existen en la actualidad, mujeres en plenitud laboral que no desean casarse y desean ser madres por adopción, así de simple.

¿Es preferible dejar a cientos de niños en casas hogar a que sean amados por una madre sola y su familia? Sabemos que en las casas hogar niñas y niños sufren. Sufren abandono, desprecios y maltratos que llegan a los umbrales del abuso sexual.

¿Entonces?

Mientras tanto existen muchas niñas y niños que ya pasan de la edad “deseable” para ser adoptados, y a sus ocho años saben que difícilmente hallarán un hogar, y al cumplir la mayoría de edad tolerada, se irán a la calle, a empeorar su destino.

 

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Desde hace varios días esta gestándose un movimiento de reivindicación del trabajo de las mujeres parteras en algunas partes del país, como Guerrero.

La práctica mexicana de la partería se remonta a las culturas prehispánicas que habitaban este país antes del arribo de los conquistadores españoles en los inicios del siglo XVI. En muchas comunidades rurales, las parteras son la única opción para atender embarazos y partos ante la insuficiente cobertura de los servicios de salud estatales.

“Tam Unem” en tzotzil; “Ñaa diti in” en tun saavi; “K´áan paal” en maya yucateco; “Unk conëïp” en mixe; “Nsaan.na mandoho nan.luii shi joo” en ñomnda; “naä dugumin sa nurikii” en triqui.

15 mil parteras tradicionales indígenas acompañan diariamente a cientos de mujeres en el proceso de dar vida, tanto es que la Organización Mundial de la Salud define a las parteras tradicionales, o matronas, como “una persona (generalmente una mujer) que asiste a la madre en el curso del parto, y que inicialmente adquirió sus habilidades atendiendo ella misma sus partos o trabajando con otras parteras tradicionales”.

Desde 1919 las profesionales están agrupadas en la Confederación Internacional de Parteras, que en la actualidad aglutina a 88 asociaciones de 75 países. Desde 1992, cada 5 de mayo se celebra el Día Internacional de las Parteras, para resaltar su papel a favor de la salud de millones de mujeres en el mundo. Desgraciadamente ha ido olvidándose esta loable labor, que nos trajo al mundo desde tiempos ancestrales debido a que ahora, erróneamente se tilda su trabajo de improvisado.

Ya depende de las autoridades el fomentar la cultura de los partos naturales y respetados, que bastante falta ya nos hace.

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