Tubo de ensayo

14/noviembre/2017

 

René Delios

 

Dice la máxima que “en la pluralidad la voz de los menos se escucha igual que la de los más” y creo que esa es la premisa que anima a que tanto en lo nacional como local, cada que se acercan elecciones en ambos ámbitos procesales, busquen registro nuevos partidos políticos y presenten otra vez de nuevo supuesta oferta electoral distinta, democrática, para “renovar la cultura política en México” y hasta “salvarlo” del PRI o del PAN y hasta del PRD, significándose como el verdadero camino ya en condición mesiánica.

Ya ha habido varios que con ese criterio arriban a las bondades del presupuesto electoral, una vez cumplidos los requisitos para obtener su registro, y al rato lo pierden sin haber aportado nada -y más ahora con tantos cambios de camiseta entre los aspirantes- a la democracia mexicana tan contaminada, y menos a la conciencia política del país y ya ni se diga a la transparencia que no se da ni en los partidos mismos, agobiados de tráfico de influencias y corrupción política, lo que ha desgastado su credibilidad ante los ciudadanos.

Ciertamente aún logren por un tiempo el registro, esos partidos no aportan más que vividores del presupuesto, con estructuras que sirven de agencia de colocaciones en diputaciones locales o federales y municipios a alguna ala del grupo dominante en el poder.

En el caso de Chiapas ha habido varios partidos locales que en realidad no han aportado nada a la democracia y menos a la conciencia política. De por sí que existe una clara miopía social como política en las dirigencias, abocados según esto a la actividad político partidista cuando, lo sociopolítico va implícito, incluyendo lo económico, o sea el todo lo que vive la entidad.

Sin hacer una retrospectiva generacional, y colocándonos en el nuevo milenio, ¿Tiene usted idea cuanto se ha gastado éste país en partidos políticos efímeros en la federación y los estados?

Es tan delicado el asunto que ni el propio Andrés Manuel se ha referido al tema para no escupir para arriba con su Morena como -ahora otra vez- la nueva opción para México.

Bueno, atando cabos, hay que recordar que en la LX legislatura federal se decidió no dar registro a nuevos partidos para los comicios presidenciales de 2012, pero se acordó que podrían hacerlo para 2015.

De esa forma para las elecciones federales de ese año recibieron el registro tres partidos para participar con candidatos propios. Los que saben de elecciones, y me refiero a su organización, sabían que no todos los nuevos tenían estructura electoral, pues tenían además el candado de que no podían establecer alianzas ni coaliciones en esa su primera participación.

De los tres nuevos partidos políticos aprobados por el Instituto Nacional Electoral –también recién renombrado para esa fecha-, uno es de tendencia de izquierda como el Movimiento de Regeneración Nacional, los otros eran de derecha como el Frente Humanista, y Encuentro Social, aunque se sabe que dominan la cúpula gente protestante, si, del culto evangélico.

Esos partidos cuestan o costaron cientos de millones de pesos de prerrogativas mensuales y especiales cuando hay elecciones.

E insisto: no aportan nada a la democracia mexicana, tan cuestionada no de fuera, sino desde acá dentro por los ciudadanos que, cada día votan menos, en un abstencionismo preocupante que deja en claro que el objetivo de esos partidos como lo es el voto ciudadano no lo logran entre todos ni en un 50 por ciento del listado nominal, y ahora lo que se va a pulverizar con la participación de los independientes, que para muchos va a arrojar representantes y hasta gobernantes con menos del 25 por ciento de dicho listado a su favor, porque el otro 25 restante se dispersa entre los demás aspirantes y un 50 por ciento de abstención, y tenemos que en números reales se espera “ganadores” con un 75 por ciento del listado que no votó por ellos.

¿Y luego?

Pues eso es lo legal, aunque no los legitime, salvo sus actos, y eso igual les sirva ahora de que ya hay reelección, y que supone que quien trabaje bien, merecerá nuevamente la confianza popular.

A ver si cuaja con tanto individualismo e institucionalismo a ultranza.

 

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