Tubo de ensayo

12/octubre/2017

 

René Delios

 

El derecho a manifestarse se respeta, y desde luego esa es la exigencia social y gremial a los gobiernos.

El problema es que en su desnivel por manifestar su inconformidad, lesionan el derecho de terceros a los que no les tiene que importar su presunta lucha, en algo que ya se está volviendo modus operandi y que desde luego busca colateralmente otras cosas muy distantes a la protesta misma, como ha pasado con el magisterio “democrático” y ahora con los cañeros de Pujiltic, y antes con estudiantes normalistas, y podemos ampliar la lista de agravios a la sociedad, por parte de las inconformidades que se tornan concurrentes cuanto desesperantes para los chiapanecos.

Bloqueos carreteros por todos lados no solo generan pérdidas sino que también le dan duro al estado de derecho, y si en caso de aplicar la ley como lo piden los más, pues éste gobierno se torna represivo, y en caso de detenidos, pues a inventar no solo heridos, sino también desaparecidos y hasta llamarse presos políticos.

Se reitera: en medio de una emergencia como la que vive Chiapas, lo que se hace es un oportunismo no político, sino vil.

Sobre el desprestigio del magisterio y su mala calidad de la enseñanza, sea democrático o no su proceso interno hacia una nueva dirigencia, no cambia ante la opinión pública. La verdad cobran por un mal servicio y eso es fraude.

Digo, ellos se llaman transparentes.

En cuanto a las huestes de Pujiltic, raro en ellos, protestando por inseguridad y hasta por bloqueos –aunque usted no lo crea-, se adueñaron del centro con pesadas unidades cerrando el perímetro a palacio de gobierno, en una simulación de sitiarlo, o de hecho lo hicieron, porque de éste nadie entra o sale en auto.

¿Tendremos que seguir padeciendo a éstos compas sean de gremios u organizaciones que se toman la anarquía como vía de llegar o lograr justicia o negociación?

La pregunta es qué con los ciudadanos y la vulnerabilidad en que nos dejan, a falta de aplicar el estado de derecho, dejando pasar horas o días en una zona centro de la capital constantemente vapuleada y cerrada a fuerza de la inconformidad popular o sindical o campesina o lo que sea, por sobre el derecho de transito de los tuxtlecos en su ciudad.

Si es así como decían las abuelas “qué Dios nos ampare porque la ley quien sabe”.

 

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